martes, 16 de marzo de 2010
lunes, 1 de marzo de 2010
Hoy me gustas tú...
Tras poner fin a lo demás, todo se torna distinto, un aire sincero, acogedor, me estás enredando en todo esto, cómo me resisto?! si lo haces parecer tan sencillo tan IRRESISTIBLE! simplemente no puedo negarme, y no lo haré, eres mi salvación, lo que me tomó y me levantó del suelo, algo tan desconocido que juré que no sentiría, y mira! me trago todo lo que escupí en su momento, lo pasado lo siento como un sueño, bueno pero no eterno, agradable pero no real, y hoy, contigo a mi lado, es una pausa a lo que pude pensar que vendría, me tomas por sorpresa con cada palabra, me torturas de manera tan dulce, me dejas caer sin soltarme, estás conmigo, abres las puertas, me encierras en tus brazos, me convierto tan dependiente, tan amante de tu ser, eres cuanto pude pedir!!! doy vueltas y vueltas a lo mismo, si fue rápido si no lo fue, el momento llegó y no me intereza no aprovecharlo, porque hoy eres tú, mi desvelo, mi sonrisa, mi locura... MI NUEVO PLACER! UNA DROGA SIN DUDARLO!
G.
lunes, 15 de febrero de 2010
Primer día...
Caminado, tropezando con sus cintas y divagando un poco, preguntas, canciones, imágenes, todo mezclándose… estaban las “buenas” y las “malas” y los charcos por las calles.
Sus tennis empapados, y por su cara, cierta dicha resbalaba hasta llegar a su cuello, bajando, marcando un camino tan suave, tan envidiable…
Gente que va y viene, y ella ahí, observando, sin prisa, cansada y olvidada.
Dentro de su morral, una botella con agua con tan sólo unos cuantos tragos, aquel libro que espera volver a sentir pasionalmente envuelta con sus palabras, una libreta, una pluma de tinta negra, kleenex , una pequeña llave y unas cuantas fotografías, rotas, maltratadas pero, fieles.
Con las uñas entre quebradas, su voz tan baja, merodeando rincones de oscuridad, las gotas son cada vez menos, la gente sigue, sin prestar atención, dejan atrás lo que pudo ser el momento más hermoso, pocos son los conscientes que igual los dejan ir, por ser como los demás, por no querer ver cuán duro pudo ser…
El tiempo se ve algo así como lento, la misma contaminación, el dolor muscular y los fluidos dentro y fuera, le duelen los pies, le pesan las piernas, le cuesta respirar, y no se da cuenta, no intenta siquiera detenerse, es una posibilidad o su estúpida terquedad, pero, se mantiene, repitiendo letras, versos que quizá cree entender pero, no lo es, porque, los números van en su contra, porque agranda lo pequeñito y olvida lo importante.
¿Fue lo “mejor”? y si es así, ¿por qué se siente así? Tan desvalida, tan nada. Todo lo que guardó en bolsas, cajas… todo tan presente e intocable, en ella, todo sigue grabado, pero, ese “todo” es “nada” porque el sentido se extinguió. El aire, la libertad, el dolor, el silencio… eso le quedo. G.
martes, 12 de enero de 2010
Más allá que pa'ca...
La foto, me la robe, pero, vamos Gloria,
ésta foto es buena, gracias al fotografo E. (:
sábado, 19 de diciembre de 2009
Nosotros que nos quisimos tanto...
Sábado por la noche, agotando los recursos de "entretenimiento", obstruyendo pensamientos lógicos, escapando de una "realidad" condicional, siempre solo cuando no estás tú, cuando me falta el silencio de tus manos y el roce de tus ojos... es eso lo que me pierde, lo que me deja fuera de esto, del momento, y al parecer, me gusta, porque extraño todo y me quedo con nada, con estás ganas de no sé qué y ancias de ser nada...
Sigue el paso del tiempo, la misma basura en la televisión, necesito como desahogar esta necesidad, que odio por el simple hecho de no saber hacerle frente, que me tiene aquí, actuando porque sí...
Con todo esto, me topé con aquel libro de antología literaria, los escritores, docentes de distintas preparatorias de la U de G; su título: "Entre líneas" (debajo, "escritores del SEMS").
Bien, entre tantos versos, uno en particular, de Rubén Hernández Andreu :
Miras la taza: “Recuerdo de Tonalá”. Enciendes el cigarro y te expandes con el humo placentero. Mientras guardas el encendedor descubres la danza erótica que el humo improvisa sobre la brasa de su paliativo. Te imaginas una pareja de blancos bailarines que inventan el amor.
“Recuerdo de Tonalá”. Ese letrero en la taza te mueve a tomar un trago de café del que te gusta tanto: café San Remo. Recuerdas que desde hace años llegas a tomar café en este mismo lugar tranquilo, donde no pululan los intelectuales, ni los que quieren cambiar el mundo con sus charlas cargadas de aspavientos.
Después de sacar el cuaderno y oprimir el extremo del lapicero, fumas con la intensidad acostumbrada. Y escribes: “Usted dijo el adiós. Yo no quería. Usted me quitó sus manos blancas y entreabiertas, y empecé a tener frío. Yo no quería. Usted cerró sus ojos y canceló el estanque turbulento que en oleadas me anegaba. Usted dijo: ‘Hasta aquí’. Yo no quería; me cuesta trabajo mirarme sin usted. Mi hombro extraña su cabeza. Y mis mejillas, su pelo en los trayectos de autobús, cuando se acurrucaba conmigo. Recuerdo sus palabras: ‘Aquí hay que dejarlo, no tiene sentido’. Quizás para usted sea fácil; para mí, no. Yo no quería”.
Tomas otro sorbo de un café que empieza a perder calor, mientras te espera. Miras a tu alrededor y todo transcurre como siempre. El Willie cobrando, la chica atendiendo a la gente y, en el televisor, la serie mundial. Y aquí sigues tú: tú y tu cuaderno de notas en que tratas de descifrar todo ese cúmulo de sensaciones que se agolpan en tu cabeza.
“Para qué escribes”, te preguntas. Y acude inmediata la respuesta: “Para tratar de entender lo que pasa, lo que sucede, lo que habita”. “No entiendes”, te dices… “Debería ser como todos, una aventura y ya”. Pero no, aquí estás, picando piedra con los sentimientos, forzándote a alejar de ti ese sentimiento que sorpresivamente te envolviera.
•Acudes nuevamente a la taza. Ahora tú buscas el letrero: “Recuerdo de Tonalá”. Sonríes, y tu sonrisa es franca, y te agrada. Te das cuenta de que el televisor ya está apagado, y de que la gente de la mesa contigua no es la misma de hace un rato. Adviertes la música y prendes un nuevo cigarrillo. La música llega a tus oídos discreta, y mientras el humo envuelve tu rostro, escuchas:
Nosotros, que nos queremos tanto,
Debemos separarnos,
No me preguntes más,
No es falta de cariño,
Te quiero con el alma
Te juro que te adoro
Y en nombre de este amor,
Y por tu bien,
Te digo adiós.
Cierras el cuaderno, sonríes nuevamente y te satisface una vez más tu gesto, que identificas porque viene muy de adentro. Mientras guardas la libreta, piensas que no tiene caso escribir, ya que mucha gente en igualdad de circunstancias ha dado buen manejo al sentimiento.
Pagas dos americanos y un capuchino, cruzas la puerta, metes las manos en los bolsillos, caminas por una calle solitaria, y cantas:
Suscribirse a:
Entradas (Atom)



